Aelisos

La batalla final espera. Desgraciadamente no soy un guerrero espartano de la mítica 300; mis compañeros tampoco. Puedo ver el miedo en sus caras, sus debilidades, la muerte marcada en sus rostros;no: más bien estamos en el coliseo y somos simples esclavos y gentes caídas en desgracia, esperando una muerte cruel a manos de los gladiadores. La diosa fortuna nunca ha estado de mi parte, quizás por tener el favor de la señora de los misterios. ¿Pero dónde está ahora? ¿Dónde quedó la magia? ¿Qué es un mago sin su magia? Si la gente se enterara, todos correrían a ajustarle las cuentas, con razón o sin ella, pero todos piensan que merece la pena aprovechárse de su debilidad. En mitad de la tormenta, sólo Azuth consiguió salvarle in extremis de las garras de Lyonora; amigo Azuth ¿Dónde estás ahora?

Ahora estoy aquí en la arena, solo puedo fiarme de la gladius la cual gentilmente me han dado para mayor disfrute de los aficionados que ya aguardan en las gradas, esperando de forma impaciente la muerte de los pobres infelices. Si sólo pudiera lanzar un conjuro…si la magia volviera a funcionar…pero ya no hay margen de error, sólo muerte o victoria, la cual es mal llamada: quizás solo un eufemismo que retrase mi muerte. ¿Qué he hecho para caer en desgracia? ¿No degollar suficientes bárbaros? ¿No postrarme suficiente ante los superiores? Quizás sea una simple traición, las cuales visto lo visto, son tradición.

De repente, una de las muchas plegarias a la señora de los misterios recibe respuesta….

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