Debía

Debía tantas cosas… pero allí estaba, incapaz de moverme, incapaz de hacer algo por salvar mi vida.

Pero ya estaban aquí.

A veces el instinto de supervivencia se activa apagando nuestro pensamiento sin pedirnos permiso y en aquel momento ocurrió, mientras los primeros caballos pasaban junto a mí, me lanzaba a un lado y seguía arrastrándome intentando huir de aquella marabunta.

Tenía la boca pastosa y empecé a masticar tierra. La humareda levantada me impedía ver algo mientras mis oidos tampoco estaban por la labor de distinguir algo entre el galope de los caballos. Allí tumbado, sobre la tierra, lleno de polvo, masticando a saber qué, reí.

Reí, como creo que no lo había hecho nunca. Noté como me dolía todo el cuerpo al reirme y sin embargo no era capaz de parar, era un sentimiento que me recorría todo el cuerpo diluido entre el dolor, era un sentimiento agradable, un sentimiento indescriptible para alguien que no lo haya vivido: estaba vivo. Había sido lanzado a la arena, había luchado, había sobrevivido todo ese tiempo a la intemperie y allí estaba, lleno de mierda, hecho mierda, lleno de dolor, pero vivo.

Debía recordar quien era, dónde perdí el rumbo, qué es lo que hizo llegar aquí, debía… ¡debía darme un baño y comer algo!

Y después, ya veremos.

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