¿Marvin? ¿Dónde está Marvin?

Nos adentramos en el frenesí de la situación. No miramos atrás, tampoco había tiempo para pensar las cosas, ni siquiera para saber qué era lo que queríamos en aquel momento: simplemente dejamos que ocurriera.

Demasiado preocupados en lo que pensamos, demasiado preocupados de lo que piensan los demás, de las consecuencias de la reacción de las consecuentes reacciones; de nuestro estado de ánimo, del trabajo, de cosas que simplemente pasan sin explicación alguna pero nos obligamos a buscarla como si esa explicación fuese a cambiar un ápice la situación.
Nos olvidamos de los lamentos, los quejidos, del futuro y del pasado. Nos olvidamos de los demás, de lo que está bien, de lo que está mal. Nos olvidamos de nuestras heridas y cicatrices, de lo maltratado que está nuestro cuerpo y nuestra mente por el paso del tiempo.

Simplemente, dejamos de pensar por un instante, para dar el salto; el salto a otra dimensión inexplorada, una dimensión sin cotas ni restricciones a excepción de las que ponga nuestra imaginación y nuestra propia energía. Convertimos las palabras en hechos,los verbos en acciones, los adjetivos y largas descripciones en pura magia.

Nos olvidamos de pensar en nuestra vida para empezar a vivirla.

 

 

Por cierto, ¿Dónde nos dejamos al pobre de Marvin?

La vida! No me hables de la vida…

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Todos callan excepto:

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