La escritura es un arma de seducción

El arte es una forma de seducción. La escritura es una forma de arte. La escritura es, pues, seducción. Un arma masiva. Un arma peligrosa que se debe manejar con mucho cuidado.

A mí me gusta hacerlo despacio. Ya lo sabes.

Las palabras están cargadas. Cada una de las letras, cada uno de los símbolos, es parte de un artefacto ingeniosamente armado y calibrado por un maestro artesano. En este artefacto, cada una de las piezas ha sido cuidadosamente colocada en su lugar con un fin. Con paciencia, con esmero, con intención. Sobre todo con intención.

Me gusta disfrutar de cada momento. Saborearlo, pasar mi lengua lentamente sobre él. Acariciarlo con mis manos. Sentir el roce de su piel.

Ahora estoy sentado delante del ordenador. Podría estar haciendo cualquier otra cosa, y sin embargo estoy escribiendo. Estoy invirtiendo mi tiempo, estoy creando imágenes que explotarán en el lugar y en el momento preciso. Estoy armando cohetes que, más tarde, reventarán en la noche haciendo bellísimas figuras de colores.

Me apasiona la comunicación. Me fascina el proceso de conectar con otras personas. Y cada día doy un paso más para acercarme a ti.

Hay una cosa que me vuelve verdaderamente loco, y es que no comprendas lo que digo. Mi peor pesadilla es que te marches sin tomar lo que te puedo dar. Imagina lo que sentiría si descubriera que he desperdiciado mi tiempo. Y el tiempo es lo más importante que tenemos.

Así pues, despacio. Poco a poco. Saboreando cada minuto.

Hay un pacto tácito entre lector y escritor. Somos dos caras de la misma moneda. Tú me prestas tu atención y yo la dirijo. Tomo tu mente y la llevo de aquí para allá. Creo paisajes, situaciones, conversaciones, caricias y besos. Te cuento ideas. Y el pacto se prolonga todo el tiempo que tú quieras. En cualquier momento puedes dejar de leer. Eres libre.

Empiezo, como siempre, por el principio. Escojo las palabras casi de una en una, con mucha paciencia, y voy armando un esqueleto. Y así continúo hasta el final, y luego regreso de nuevo al principio para dar pinceladas, para cuidar los detalles, para limar las aristas, para poner cada punto en su lugar. Y luego lo repito, una y otra vez, hasta que quedo satisfecho. Feliz.

Te seré sincero: escribo esto para ti y para mí. Estoy tratando de comunicarte algo. Este es un mensaje cifrado. Cifrado con varias capas de abstracción. Es un mensaje público para un destinatario único, para un destinatario con llave. Puede que ya tengas la llave, o puede que aún tardes unos segundos en tenerla.

Es un mensaje secreto. ¿Por qué un mensaje secreto? Porque es mucho más divertido. Los secretos son prohibidos, los secretos son calientes y excitantes. Y… ¿qué hay más excitante que un secreto público?

Hay algo que tú quieres y que yo tengo. Y lo sabes. Y esto es un juego.

¿De qué va el juego? puede que te preguntes. Ya lo sabes: para saber de qué va el juego, hay que jugar.

No, no tengo vergüenza, pero tengo un secreto. Un secreto. Y ahora tú tienes otro.

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