Siguiendo la pista (IX)

Pesadilla

Me desperté alarmado por el tono de mi teléfono móvil. Era extraño porque no era el tono que tenía puesto, sino uno que tenía hace algún tiempo. Agarré el teléfono y contesté como pude. Se escuchaba un ruido de fondo demasiado intenso, me dolía la cabeza lo suficiente como para no ser capaz de interpretarlo.

-¿Sí?

La respuesta provino de una voz femenina entrecortada que sonaba familiar, a la vez triste, melancólica, temblorosa.

– Estoy en el arcén de……la rueda ha……ven a ayudarme…..

– ¿Sofía? ¿Sofía eres tú? ¿Dónde estás? ¡Sofía!

Miré al móvil, angustiado, pero éste no daba señales de vida, ni siquiera parecía estar encendido. Estaban pidiendo mi ayuda y no podía hacer nada. La desesperación crecía mientras intentaba pensar, pero mi cabeza estaba embotada y me  obligaba a retroceder en todos mis pensamientos. No podía hacer nada, era lo peor que me había ocurrido en la vida.

Desperté otra vez, empapado en sudor en una cama del hospital. Había sido una pesadilla, pero el dolor era muy real. Deseaba no volverme a dormir, pero me era imposible mantener los ojos abiertos.

De nuevo mi teléfono volvió a sonar con una melodía distinta. Estaba en mi bolsillo de un pantalón que nunca había tenido, pero extrañamente, tanto la melodía como los vaqueros me hicieron sentir bien, como si fueran mis preferidos.

Esta vez el sonido era nítido, y al otro lado del teléfono una voz con un timbre familiar, pero había algo que no encajaba que lo convertía en extraño.

-¿Sí?
-¿Sí?
-¿Eres tú?
-Si, soy yo, o eso creo.
-¿Siguiendo la pista, no?
-¿De qué me conoces?
-Yo seguí esa misma pista.
-Ah, eso tendría sentido, por eso la pista estaba tan mojada.
-Está tan caliente que quizás te has quemado y has perdido la sensibilidad.
-Eso también tendría sentido, pero no siento dolor…espera. Sí, ahora lo siento.

El dolor de repente se volvió muy intenso, algo desde el interior estaba intentando salir quemando todo a su paso. No pude retener un grito desgarrador que intentaba sin conseguirlo paliar un dolor innombrable.

-¡Aguanta!
-¡Si yo lo conseguí, tú puedes lograrlo!

Aquel extraño familiar seguía hablando, animándome a seguir a delante, pero mis sentidos se iban desvaneciendo rápidamente, a la vez que imágenes de mi vida que parecían bullir de mi interior, pasaban por delante de mis ojos como si fueran vapor de agua.

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