Siguiendo la pista (X)

Desperté con un nombre, un sentimiento y una herida mal cosida en el pecho.

Intenté que ese nombre y ese sentimiento se mantuvieran en mi memoria consciente al abrir los ojos, pero me fue imposible. Desperté en mitad de una oscuridad total al que reaccioné acto reflejo intentando incorporarme; la oscuridad pensó que no era una buena idea, y con un golpe seco en la cabeza descubrí que debía seguir tumbado.

– Alicia al fin despierta del país de las maravillas. Me tenías preocupado, no sabía que iba a hacer si no conseguías resistir.

– ¿Estoy…?

-Vivo igual que yo, por raro, increíble o novedoso que te parezca.

-¿Maestro? ¡Pensé que estabas muerto!

– Yo también lo pensaba.

-¡Escuché por el auricular como entraban en tu refugio el día de la mansión de Brasilio!

-Pero cometieron dos errores…y el principal fue que no comprobaron si estaba muerto o no. Cuando desperté en un charco de mi propia sangre recordé aquella maldita serie, ¡los caballeros del zodiaco! como sangraban los cabrones y seguían tan panchos. LLoré de risa al verme aún con vida.

Apenas podía procesar toda la información repentina que estaba recibiendo. – Me duele…todo

-Te he puesto al alcance de la mano unos analgésicos, te ayudarán.

Palpé con las manos todo lo que tenía a mi alcance en aquel extraño habitáculo y encontré rápidamente algo que parecían unos caramelos.

-¿Pero…?

-¡No veas la que he tenido que liar para sacarte del hospital! Lo que tenía claro es que ibas a salir muerto de una manera u otra. Tu cara salió en todos los periódicos, los telediarios abrían sus ediciones hablando del incidente en la tetería, las redes sociales se volcaban contigo, ¡hay incluso camisetas con tu cara! ¡tu cara! jajajaja. Enhorabuena, ahora eres una leyenda.
Eso me ayudó para saber que seguías vivo y dónde estabas, para todo lo demás fue un verdadero incordio. Tenías siempre un par de policías custodiándote en el hospital, un par de sicarios intentaron pasarse por familiares tuyos para tenerte a tiro; has dado quebraderos de cabeza a mucha gente, incluido a mí. El secreto de sumario que ha establecido el juez Alterio Gómez ha mantenido la intriga al caso y quizás, tus probabilidades de seguir con vida.

-¿Pero…?

-¡Me quieres dejar hablar! No seas impaciente.

No podía verle, pero en su voz estaba claro que estaba regocijándose de su obra maestra, una obra que no podía compartir con nadie, excepto conmigo. Y yo le estaba jodiendo la poca diversión que habría tenido en meses. Así que hice silencio para que él decidiera continuar con su relato.

– Aunque estabas muy vigilado en observación, pude darme cuenta que tenías la visita constante de una enfermera que aunque era de urgencias no era de la unidad que te cuidaba, así que un día la seguí hasta la cafetería. Era muy recelosa, noté que me ocultaba algo, pero no iba a sacarle nada si no conseguía demostrar que era amigo tuyo. ¡Y sinceramente pocas formas tenía de asegurarle que te conocía!
Así que tuve que contarle…ya sabes…eso que me contaste un día de borrachera.

-¡Pero serás cabrón! ¡Ay!

-¡Ja ja ja ja! Relájate hombre, en ese estado no deberías exaltarte. Como te iba contando, una vez que me gané la confianza de la enfermera ¡Sorpresa! me contó que guardaba un carrete de fotos tuyo y que tenía tantas ganas como yo de sacarte de allí como fuera. Después de sopesar todas las opciones, la única posible que encontramos fue sacarte de allí muerto. O algo así. De modo que te drogamos para que cualquier médico poco observador que ya te había visto tener un paro cardíaco, que por cierto tuviste uno, certificara tu muerte.
Así que aquí tienes al encargado de la Funeraria Dolores llevándote a tu descanso final.

-¿Estoy en un ataúd? Eso lo explica casi todo.

– No, no. Eso lo explica todo.

– No, no lo explica todo.

-Explícate.

-¿Y cómo narices habéis esquivado la más que probable autopsia? -Noté que el coche fúnebre aceleraba. -Dios…

-¿Por qué te iban a hacer una autopsia? ¡No me jodas! Pues si tienes razón ya tienen que haber dado la voz de alarma y tendremos a medio departamento de policía pisándonos los talones en menos que canta un gallo. Menos mal que ya estamos llegando.

-¿Tienes un plan?

-¿Bromeas? ¡Ahora viene lo mejor!

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