El malo malísimo

– Habéis llegado muy lejos pero es tarde, ya no os servirá de nada. Bueno sí, tendréis la suerte de contemplar el fin. Es hora de que asuman las consecuencias de sus acciones, es hora de acabar con la aberración que estáis llevando a cabo. En cuanto pulse este botón, no quedará nada.

– ¡No serás capaz de pulsar ese botón!

– Tiene razón. Estuve meditando un tiempo y llegué a esa misma conclusión. No podía acabar con el chalpoteo de los colchones, ni con las amigables gentes de Kerderó (siempre que seas de Kerderó), ni con la improbable lluvia del desierto de Heo Leops  por el mero hecho de que me caéis mal. Es por eso que instalé este otro botón, que simplemente, acabará con todos vosotros, mis enemigos.

– ¡Pardiez! ¿No podemos hacer nada para remediarlo?

-No

-¿Nada?

-Nada

-¿Y por qué hemos llegado hasta aquí?

-Ese es vuestro problema, no el mío.

-¿Y por qué has esperado a que llegásemos hasta aquí para acabar con todos nosotros?

-Me había quedado dormido después de comer, habéis armado tanto jaleo que me despertásteis. No ha sido una procastinación a propósito.

-¿Y si…?

-Uf, menos mal que pulsé el botón, se estaban poniendo pesados.

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