La alargada sombra de la Semana Santa sevillana

La Semana Santa se nos ha ido de las manos a todos, es un hecho.

Siento vergüenza, más propia que ajena al comprobar como se están desarrollando los hechos y la poca autocrítica desde todos los estamentos afectados. Bajo la carcomida frase “yo no tengo la varita mágica para solucionar esto” se esconde la falta de responsabilidad y compromiso con Sevilla y la Semana Santa.

Ya está bien de echar balones fuera, de echarle la culpa a otros: de la situación actual tenemos la culpa todos.

Hay tantas cosas que tienen que cambiar…

Las hermandades deben dejar de tomarse la Semana Santa a broma. Es imposible pedir respeto si ni ellas mismas se respetan. Los cofrades estamos hartos de ver imágenes de nazarenos que no guardan el orden dentro de la cofradía. Ayer en el Llamador de Canal Sur entrevistaron al Hermano Mayor de la Macarena y dijo que no se puede prohibir a nadie salir, ya que las propias reglas dicen que deben salir de penitencia ¿Esas mismas reglas no hablan de cómo debe de hacerse la penitencia? ¿Le parecen normales estas imágenes que se repiten todos los años? Exceptuando alguna hermandad seria, es fácil encontrar a nazarenos fuera de su fila con el antifaz quitado, comiendo, bebiendo, fumando, haciéndose fotos con los colegas, saludando a la gente, con la pareja al lado todo el camino, descansando en el suelo con el antifaz quitado, realizando cortes en la hermandad, vueltos mirando a alguno de sus titulares durante largos ratos, etcétera, etcétera, etcétera. Salir de nazareno en la actualidad no significa nada, como si fueran simples actores contratados por el ayuntamiento para mantener el show turístico. Es hora de ser estrictos, de penalizar a los infractores con no salir en años posteriores entre otras medidas para que las hermandades se vuelvan a hacer respetar. En esto tienen mucho que decir los diputados de tramo, que en muchos casos están haciendo dejación de funciones. No voy a negar la alegría que me dio hace unos años ver a uno de ellos saliendo de la fila en busca de un grupo de nazarenos sin el capirote que estaban de cachondeo para echarles la reprimenda y dejarles claro, que o volvían a la fila, o se iban a casa, pero que no podían seguir en ese plan. Me encantaría que esto no fuera una anécdota de hace años, sino que fuera el día a día en la Semana Santa hasta que la gente empezara a tomarse en serio la estación de penitencia. Ya vale de escurrir el bulto por que les interesa el dinerito extra que sacan con las papeletas de sitio, de ir presumiendo por ahí de número de hermanos y no de la calidad de ellos, ya basta.

Otro tema importante son los horarios. Por un lado, no podemos obligar a que el tiempo de paso de una hermandad sea el mismo ahora, que hace diez años que tenía la mitad de nazarenos. Por otro lado, ¿no es la falta de orden en la cofradía una de las causantes de que se alarguen los tiempos de paso? Solo hay que ver hermandades serias con más de mil nazarenos y lo rápido y ordenadamente que pasan. Si todas las hermandades hicieran la estación de penitencia igual de bien, no tendríamos tantos problemas de horarios, que no se solucionan alargando el tiempo, porque todos sabemos que el tiempo es finito y lo único que hacemos es pegarle una patada hacia delante al problema y nos lo volveremos a encontrar dentro de poco y aún más complicado de arreglar. Es también digno de destacar el marketing desmedido que tiene la actual Madrugá, teniendo en cuenta que tal como la conocemos no tiene más de un siglo de vida y cuya configuración actual deja en un segundo plano al Jueves Santo, que no merece esta discriminación por más tiempo; no debería sonar descabellado hacer una reordenación de las hermandades tanto en día como en horas y recorridos, primar lo más cortos en contraposición de otros más largos de “lucimiento”.

Si las hermandades no quieren entrar en razón de motu proprio, la autoridad eclesiástica debería intervenir directamente como ya hizo en su día obligándolas a permitir hermanas nazarenas. El poco interés que está demostrando el obispado ante los problemas a los que nos estamos enfrentando los últimos años, como si todo esto fuera “problema de otro”, no hace más que añadir razones a los que no respetan la Semana Santa para seguir en el mismo plan. Por otro lado, se vislumbra un distinto rasero para las hermandades, un cierto favoritismo hacia algunas “grandes” que hacen lo que quieren cuando quieren sin recibir una sola amonestación, mientras que otras más pequeñas, por cualquier cosa se les llama la atención.

Pasándonos a otro plano más vulgar, me parece detestable la proliferación de puestos ambulantes en nuestras calles que afean el paso de las hermandades y “roban” negocio a los comercios que están todo el año pagando sus impuestos por tener su local en el centro. Desconozco si tienen o no licencia municipal, pero si así fuera, es otro despropósito de la alcaldía actual. Hace unos años nos parecería una barbaridad todos esos puestos de dulces, churros y demás colocados en sitios estratégicos los cuales, por si fuera poco, no suelen guardar ningún respeto al paso de las hermandades. Un ejemplo es la que se colocó en la plaza de San Andrés, que rompía no solo la estética, sino el recogimiento de la entrada de la hermandad de Santa Marta. Pero no solo es eso, es el vendedor de sillitas, el de flores, el de los palos de selfies, el de los globos, etc. Y al que la gente parece haberse acostumbrado cuando este mercantilismo desmesurado no debería ser lo normal. ¿Tendríamos que sacar el látigo como hizo Jesucristo en el templo, o simplemente la policía hacer su trabajo?

Posiblemente si la ciudad diera ejemplo, la masa que se moviliza en Semana Santa fuera más respetuosa de por sí, pero también hay ciertos comportamientos propios de la misma que van de mal en peor. En el tema concreto de la Madrugá y el descontrol que hubo, lo raro si me lo permiten, es que la noche fuera tranquila. Parece que la gente mira para otro lado en el día a día de la ciudad y no se ha dado cuenta que hemos perdido el control de la noche. Nuestras y tan queridas noches sevillanas se han convertido en un desmadre de alcohol, música y drogas; botellonas sin control, escándalo de jóvenes (y más mayores también) que no saben comportarse ni usar un tono de voz que no moleste a los que están descansando. Con este panorama, ¿cómo quieren que un día al año se comporten? Sevilla tiene un problema y lo único que escucho es plantearse mirar para otro lado, ceder la calle durante la noche a vándalos y gamberros en vez de restablecer el orden y la paz para todo el año en vez de para una sola noche. No hace falta militarizar la Madrugá, lo que hace falta es educación.

Cómo no hablar de las cámaras, móviles y demás. Cada vez resulta más difícil disfrutar de un paso debido a la nube de móviles y cámaras que se forma, llegando a niveles insospechables por ejemplo en la salida del Silencio, donde la calle a oscuras y el recogimiento de esta hermandad se convierte en una discoteca a la salida del Cristo por la cantidad de flashes que se disparan; curiosamente casi ninguna de esas fotos estará bien iluminada por la ignorancia de la gente. Hemos democratizado el acceso a la tecnología, pero no su uso: quieren iluminar una imagen que está como mínimo a 10 metros con un flash que ilumina con dificultad a un metro y medio de distancia. La mayoría de los móviles y cámaras corrientes aún no hacen fotos buenas en malas condiciones de luz, pero aún así seguiremos viendo a gente insistiendo hasta la saciedad sacando veinte fotos por minuto que luego, no dedicarán ni cinco minutos en todo el año a volverlas a ver.
Por si fuera poco este año llegó el maldito palo de selfies y usarlo para hacer una foto aérea. He llegado a ver a gente metiendo el móvil dentro del paso para grabar un vídeo pasando a centímetros de las imágenes. ¿Cómo les enseñamos a la gente que eso está mal? Imposible, no hay nadie para dar ejemplo, si las propias televisiones con la cámara grúa (también mal llamada traveling por algunos) colocada en la Plaza del Salvador hacía exactamente lo mismo, faltando además el respeto a todos los presentes en la plaza no dejando disfrutar de los pasos que por allí atravesaban.
También están los semiprofesionales y profesionales de la fotografía que dentro de lo que cabe son los que menos culpa tienen de todo esto, pero aun así un toque de atención a muchos de ellos que no respetan ni a sus compañeros ni el paso de las hermandades; no sois los protagonistas, no sois VIPs, así que respeto os pido para todos los que están en la calle en ese momento.

El tema de las sillitas está pasando de castaño oscuro. Un día cualquiera a la salida de la catedral, entre Placentines y Alemanes es fácil encontrar a gente en plan dominguero, con sus sillas, cojines, neverita y bolsas enormes con comida y otros enseres: solo les faltaba la sombrilla de playa. Dentro de poco llegaremos al nivel de las barbacoas del Carranza y llevarán hasta sofás para sentarse, tiempo al tiempo. Porque hay algo que chirría y mucho es la excusa de los largos tiempos para ver una hermandad, los niños que tienen que sentarse un rato y los mayores igual, que si me duele la espalda o los riñones. Llevo toda la vida yendo a la Semana Santa incluso un año, una semana después de operarme de apendicitis y nunca he necesitado una sillita. Si uno no se encuentra bien físicamente, mejor pasar poco rato en la calle y volverse pronto o quedarse en casa viéndolo por la tele y escuchándolo por la radio, ya que tenemos la suerte de poder disfrutarlas desde el sillón de nuestra casa. La actitud insolidaria de las personas que usan las silliltas y que se colocan en zonas de paso es una situación grotesca, esperpéntica. Si la gente dejase de usar las sillitas que por cierto cada vez son más voluminosas, dejaría de haber tantos problemas ya que la gente no iría tan pronto a los sitios destacados y habría menos aglutinaciones, menos riesgos y menos esperas.

Por último y no menos importante, la falta de respeto tan grande a las hermandades que procesionan en último lugar cada día y a la hermandad del Resucitado. ¿Por qué no esperan a que terminen de pasar para recoger las sillas de la carrera oficial? Resulta muy triste ver pasar a la Soledad de San Lorenzo con el ruido de cerrar las sillas como banda sonora, que no volverán a abrirse para ver pasar el Resucitado; porque ya lo sabemos, aquí en Sevilla no celebramos la Pascua, no celebramos la resurrección de Cristo: celebramos los palos que le pegamos, los latigazos, su coronación con espinas, su crucifixión; nos importa bien poco su mensaje, nos importa muy poco su resurrección.

Y es por esto y por otras muchas más cosas que habré olvidado a la hora de escribir este artículo que la Semana Santa se está precipitando y visto lo visto,se tira de cabeza, hacia una época muy oscura. Está en nuestras manos que esto cambie, pero si todos seguimos mirando hacia otro lado, todo seguirá igual un año más.

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